Mariángeles do Rego

Argentina

 

A través del collage trato de contar historias visuales sobre la niña interior, la memoria y el mundo emocional femenino.

Me interesa ese territorio donde los recuerdos, la imaginación y la sensibilidad se mezclan, como si cada collage fuera una página de un diario visual hecho de imágenes.

Trabajo principalmente con recortes de papel, imágenes vintage, fragmentos tipográficos y elementos de la naturaleza. En mis composiciones aparecen con frecuencia símbolos como ojos, mariposas, círculos, flores o cuerpos celestes, que funcionan como metáforas de la mirada interior, la transformación y el paso del tiempo.

MIs obras combinan tonos cálidos vintage con acentos intensos que dan energía.

Utilizo principalmente rojos, amarillos, naranjas y azules

El collage, para mí, es una forma de escribir sin palabras. A través de capas de papel, texturas y símbolos, intento crear espacios poéticos donde quien mira pueda encontrar resonancias propias: recuerdos, preguntas o emociones.

Cada obra es una exploración de lo íntimo y lo simbólico, construida a partir de fragmentos que, al reunirse, forman nuevas historias.

 

Mi acercamiento al collage ha sido completamente autodidacta. Mi formación académica pertenece a otro ámbito: soy licenciada en Administración.
Sin embargo, el trabajo con el papel, las imágenes y los símbolos se fue convirtiendo con el tiempo en una forma personal de exploración y expresión artística.


Desde niña siempre tuve inclinación a lo artístico.  Era más bien introvertida. Me gustaba mucho  leer y escribir.
A veces prefería quedarme en casa con un libro antes que salir a jugar.
Siempre me sentí un poco “rara”, como siendo parte del mundo desde un lugar lateral.
En la adolescencia les escribía cartas a mis amigos, largas y muy sentimentales.
De grande me acerqué a la fotografía.
Hice algunos cursos, tuve una cámara, pero no sostuve la práctica. Hoy es algo que también me inspira: el arte de observar y captar momentos con mi teléfono.
El interés por el arte siguió apareciendo de distintas formas: me anoté en talleres de haiku, de escritura, conocí nombres de pintores y esculturas que me conmovían.
Con la llegada de las redes sociales empecé a seguir cuentas relacionadas y se abrió un mundo de inspiración y posibilidades.
Hasta que un día apareció el collage.
Poco antes de la pandemia hice mi primer workshop.
Y una chispita interna se encendió.
El collage me pareció una de las disciplinas más libres que conocí: no exige técnica, ni materiales costosos, ni un sentido estético particular.
Solo tiempo, manos y conectar con lo que nos mueve dentro.

Pasar horas cortando y pegando papeles y utilizando distintas imágenes para componer nuevos mundos es, para mí, alquimia pura.
Siento que encontré el canal que mejor expresa mi esencia: ecléctica y sensible, con ganas de decir, de reflexionar, de procesar emociones.
Hoy, mirando hacia atrás, reconozco que hubo momentos y situaciones que funcionaron como recordatorios de eso que ya estaba en mí, pero que se había adormecido con el devenir de la vida.  Creatividad, sensibilidad, intuición y emociones guardadas estuvieron siempre en mí esperando espacio.

 

Translate »